Lo que nos une también puede separarnos

El placer de lo colectivo cool

Alexander Vargas Sanabria

A veces es fácil hacer depender el disfrute de ganar o de ganarle al otro. A veces también nos quedamos con la idea de que, solo por merecerlo, ya deberíamos lograrlo. Y otras tantas veces confundimos creer que somos mejores con ser mejores que los demás.

Cuando las sensaciones van por ahí, lo que nos une también puede separarnos.

Las expectativas y los deseos

Mis objetivos no deberían convertirse en tus expectativas.

Cuando transformamos el apoyo en presión injustificada, llevamos al otro al lugar de la duda. Entonces el proceso deja de ser crecimiento y transformación, y se convierte en estrés y frustración.

Acompañemos al otro en sus objetivos, sin convertirlos en nuestras propias expectativas.

Lo individual y lo colectivo

Aunque existen las metas individuales, difícilmente llegamos a ellas solos.

Alguien nos dio un relevo, un consejo, puso la rueda, entrenó con nosotros o nos animó en el momento justo. Incluso cuando parece que lo hacemos por nuestra cuenta, quien se alegra de nuestro triunfo y vibra con él también hace parte del camino.

Ganamos, ¿y qué?

El Ironman de Mont-Tremblant surgió con la idea de cumplir un reto juntos y con la ilusión de llegar a ocupar el podio. La familia y los amigos ayudan a sembrar esa semilla: revisan los números, acompañan el proceso y empiezan a creer que es posible.

Al final, el logro puede parecer una historia sencilla donde cada quien hace lo que debe hacer. Pero no es solo eso. Es hacer lo que se debe y, muchas veces, un poco más.

¿Cómo sería escribir desde el fracaso?

Tal vez sería más fácil, porque tengo en mi cabeza con mayor claridad todo lo que hicimos mal: los mensajes de pesimismo propios y ajenos, mis frustraciones y las veces en que mi resistencia cedió ante la dureza de un entrenamiento.

Es tan fácil escribir sobre el fracaso que, incluso cuando se gana, uno vuelve a revisar qué se hizo mal y cómo habría sido todo si alguna otra variable hubiera cambiado.

No obstante, sobre el fracaso y sobre el triunfo habría escrito lo mismo sobre mi familia, mis amigos y mi comunidad: gracias por creer que era posible.

Preparémonos juntos. Compartamos nuestros sueños. No pasemos por encima del otro en el camino. Hagamos que ganar no sea solo ocupar un puesto en una tabla de posiciones, sino conquistar un lugar en la memoria colectiva.

Un lugar que valga la pena recordar por lo que nos une, no por lo que nos separa.

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